jueves, 10 de mayo de 2012

¿Por qué nos cuesta tanto superar nuestros miedos?

Interesante mecanismo el que operan los miedos en nuestra mente.  Quién no ha tenido alguna vez un susto con el coche, o le cuesta coger un avión.  Y qué me dices del miedo al agua, o a las alturas, a los espacios abiertos, etc.

Son situaciones cotidianas en las que se ven mermadas considerablemente nuestras capacidades, y todo por culpa de los miedos que muchas veces nos condicionan y otras nos anulan totalmente.

Por desgracia, nunca estamos exentos de sufrir algún tipo de accidente, con el consiguiente trauma posterior, pero lo que si tengo claro es qué es lo que se debe hacer cuando esto ocurre.

Debemos abordar dos situaciones diferenciadas, según el momento en que nos encontremos: 

  1. El suceso traumático se acaba de producir.
  2. Éste se produjo hace tiempo, conscientemente o no,  y el miedo ya se ha instalado con fuerza.

1. El primer caso, donde el suceso acaba de tener lugar, tiene fácil solución. 

Lo vemos mejor con un ejemplo:  Conducimos como todos los días del trabajo a casa, pero en esta ocasión hemos sufrido un pequeño percance.  Un insensato nos ha sacado de la carretera mediante una maniobra temeraria.  Hemos tenido que dar un volantazo para esquivarlo, y lo hemos conseguido con éxito, aunque tenemos un golpe pequeño de chapa.  Nos encontramos en el arcén con un enorme susto en el cuerpo y el pulso acelerado.  No ha pasado nada grave pero las consecuencias podían haber sido mucho mayores.  Tras comprobar los pequeños daños decidimos continuar camino a casa.

Nuestra reacción en los instantes siguientes al incidente es determinante.  Tras analizar una y otra vez el suceso en nuestra cabeza, comienza a surgir la idea de que quizás conducir sea más peligroso de lo que creíamos, y que sería más seguro utilizar el transporte público.  Este pensamiento, en otro contexto, resultaría loable,  pero en estos momentos tiene una importancia enorme.

Se trata de un anzuelo, si lo mordemos tendremos problemas.  Estamos buscando excusas para no coger el coche.  En estos momentos nos encontramos en la fase inicial, y el miedo aún es controlable por lo que debemos actuar rápido y con determinación.  Lo que debemos hacer es obligarnos a coger el vehículo tantas veces como sea necesario, hasta que cese el sentimiento de miedo que acaba de producirse.  De lo contrario, sucumbiremos al sentimiento de inseguridad, buscaremos medios de transporte alternativos y lo más preocupante, estaremos alimentando el miedo que se ramifica en nuestro interior como las raíces de un árbol. 

Nuestra actuación en los primeros momentos resultará esencial, dado que el miedo va cobrando fuerza según pasan las primeras horas, y debemos atajarlo antes de que sea mucho más difícil de controlar.  En los primeros momentos, el miedo aún es vulnerable y fácilmente manejable, pero poco tiempo después ya no será así.  De ahí la importancia de retomar de nuevo y cuanto antes la actividad que nos preocupa, de modo que no alimentemos innecesariamente el miedo que está naciendo de forma incipiente.

La utilización de esta sencilla técnica, nos ayuda a recobrar la normalidad en muy poco tiempo y con apenas esfuerzo.


2. Mención diferente merece este otro supuesto, en el cual el miedo ya se encuentra fuertemente arraigado fruto de muchos años de presencia.  En estos casos, el sentido común y la experiencia me han llevado a utilizar sencillas técnicas muy efectivas para abordar el problema.  De nuevo las expondré con un ejemplo.

En este caso nos sentimos impotentes a la hora de coger el coche.  Hace años que aprobamos el carnet de conducir, pero quizás por dejadez no llegamos a utilizar el coche con mayor frecuencia, de modo que lo fuimos dejando.  En estos momentos hemos perdido casi totalmente nuestra habilidad para conducir, y se nos despierta un miedo insuperable cada vez que pensamos siquiera en la posibilidad de ponernos al volante.

La estrategia a seguir será afrontar sucesivos retos que sean fácilmente asequibles.  Siguiendo con nuestro ejemplo, el primer paso será sentarnos en el asiento del conductor y quedarnos inmóviles unos segundos.  Después, podemos manejar los pedales, utilizar la palanca de cambios, colocar los retrovisores, en fin, familiarizarnos con los mandos del vehículo.  Pero todo ello con el vehículo parado.  Parece un reto fácil ¿verdad? de eso se trata.  Repetiremos esta operación varias veces en los días sucesivos.  Cuando nos sintamos cómodos, pasaremos a la siguiente fase.

Segunda fase.- Tras repetir las operaciones descritas en el párrafo anterior, arrancaremos el vehículo.  No tenemos que hacer más que permanecer unos minutos al volante, con el vehículo parado y el motor en marcha.  Igualmente repetiremos esta fase varios días hasta sentirnos otra vez cómodos con la nueva situación.  No olvides que no deberemos pasar nunca a la fase siguiente si no hemos conseguido normalizar la anterior.

La tercera fase será igualmente sencilla.  Partiendo de la fase anterior, arrancamos el motor y recorremos una distancia no superior a 50 metros.   Puede ser una vuelta a la manzana, al garaje o símplemente llegar a la siguiente esquina.  Obviamente habremos elegido una zona de circulación tranquila y sin tráfico.  De nuevo repetimos esta operación todos los días que sean necesarios hasta conseguir afianzar nuestra confianza.  Al fin y al cabo son tareas sencillas que nos están suponiendo poco esfuerzo incremental.  Resulta fundamental tener afianzada la fase anterior para que la nueva no nos suponga mayor problema.  Los nuevos retos siempre deben ser asequibles:  estamos sorteando nuestros miedos por la parte trasera, y paralelamente los estamos debilitando casi sin darnos cuenta.

Los siguientes pasos son fácilmente previsibles.  Siguiendo esta mecánica, deberemos ampliar gradualmente el radio de conducción, 100 metros, 500 metros, una vuelta por el barrio, de compras al centro comercial, salida a la autopista, búsqueda de aglomeraciones;  y así sucesivamente incrementaremos de forma progresiva pero de modo muy gradual el nivel de dificultad.

Como siempre, espero de verdad que estos consejos te sean de utilidad.








martes, 17 de abril de 2012

El café y otras drogas

Es probable que el título de este post sea lo suficientemente disuasorio para que muchos amantes del café ni tan siquiera comiencen a leerlo.  Es lógico, pues según la cultura popular el café no es una droga o, al menos, no es tan dañina como las demás.  Personalmente no estoy de acuerdo con esta afirmación.  Permíteme explicarte mis motivos.

El café utiliza exactamente el mismo mecanismo de captación de la adicción del individuo que otras drogas.  El patrón es siempre el mismo, veamos las siguientes situaciones:

"Vaya, que sueño tengo, acabo de comer y todavía tengo que estar despejado para solucionar por la tarde los asuntos de la oficina".  O bien, "hoy he dormido dos horas menos y no puedo con mi alma, me vendría bien algún tipo de ayuda".  

Evidentemente las causas que nos llevan a tomar el primer café se van a repetir en el futuro, dado que son de lo más cotidianas.  Es por ello que acudimos tan fácilmente al café, dado que goza de una amplia implantación social, es fácilmente accesible y económicamente asequible.  Además no está mal visto y cumple una función social de relación.

Hasta ahora todo bien, porque es cierto que cuando te tomas una taza de café, sientes su agradable sabor y recibes el pequeño aporte de energía que te ayuda a sobrellevar mejor el día a día tan estresante que sufrimos.

Pero, y siempre hay un pero, yo me preguntaría ¿es realmente necesario?  Cuando el café hace su efecto, efectivamente recibes ese pequeño empujón que tanto necesitas.  El incremento de energía se realiza a costa de los recursos de tu propio organismo, por lo que sometes al cuerpo a un esfuerzo adicional.  Transcurrido un pequeño periodo de tiempo, tienes más cansancio que antes dado que han cesado sus efectos, y el cuerpo aún se está recuperando del sobre-esfuerzo.

Este mecanismo sólo opera en las primeras etapas del consumo, porque cuando éste se consolida, ocurre lo siguiente.

Lo más curioso es que el cerebro, como ocurre con otras drogas, rápidamente se acostumbra a la dependencia de la cafeína, y pronto resulta imperativo su consumo, pero no ya para experimentar un aporte de energía extra, sino tan sólo para mantener la situación de normalidad.  

El resultado final podría resultar cómico si no fuera porque afecta a muchísimas personas dependientes de esta sustancia, pero la secuencia se resume muy bien como sigue:
  1. Como estoy cansado me tomo un café porque me ayuda a estar mejor. 
  2. Ahora que estoy acostumbrado al café, necesito tomarlo para estar "normal".  Igual de "normal" que me encontraba cuando no era dependiente de él.
En esta etapa, ya ha cesado en gran medida su efecto energético.  Ahora su consumo es necesario exclusivamente para mantener el equilibrio habitual del cerebro.  Se ha producido la tolerancia a la droga.

Interesante mecanismo: antes no tomaba café, y ahora que lo tomo y estoy acostumbrado a él, necesito consumirlo para encontrarme como antes de no haberlo tomado nunca.

Con el añadido de que ahora, para poder conseguir en mismo efecto estimulante de los inicios, deberé aumentar la dosis.  Entonces el cerebro pronto volverá a generar tolerancia a volveremos de nuevo al comienzo.  Necesito un mayor consumo para recobrar la normalidad.  La misma que tenía antes de probar mi primera taza.

¿Como se sostiene esta situación?  Evidentemente gracias a su poder adictivo.  Si no sería insostenible.  La adicción tiene la habilidad de hacernos creer las cosas que no son, racionalmente pensamos una cosa y subconscientemente ocurre otra, pero no nos enteramos.   Sólo conozco una forma de que la adicción dé la cara y pase a plano consciente: Lo único que tenemos que hacer es dejar de tomar café.

Inmediatamente se desencadena la tormenta emocional y todo tipo de argumentos nos invitan a volver al consumo.  El proceso es muy similar el que describo en el post del mes pasado sobre cómo dejar de fumar http://loscafesdecalatrava.blogspot.com.es/2012/03/como-dejar-de-fumar.html

La guerra está servida.  La droga ha dado su peor cara y sale a la luz.  Ahora sólo nos queda armarnos de paciencia y prepararnos para la lucha.  Los consejos que incluía en ese post sobre como dejar de fumar resultan perfectamente válidos para este caso.

Si eres consumidor de cafeína, seguramente ya te hayas planteado alguna vez esta forma de operar, pero no está demás que te lo recuerden de vez en cuando.  Personalmente, entre las cosas que más detesto se encuentra la pérdida de libertad debida a la dependencia a sustancias adictivas.  Este puede ser un buen argumento para decidir dejarlo.


jueves, 29 de marzo de 2012

Cómo dejar de fumar

Una de las mejores cosas que he podido hacer es dejar de fumar.  Fumaba una cajetilla diaria y tras mucho esfuerzo conseguí dejarlo hace ya 12 años.

Tengo intención de compartir mi experiencia así como el sistema que utilicé, y voy a compartirlo de forma gratuita.  Mi única satisfacción será saber que, a través de mis consejos, puedas conseguir una mejora en su calidad de vida.  Para mí es suficiente.

En primer lugar, el tabaco es una droga que dispone de una fuerza extraordinaria.  Su intensidad sólo sale a la luz cuando decides dejarlo.  Mientras tanto, el sujeto tiene conciencia de que es fumar es perjudicial, pero el mensaje no tiene calado en la conciencia.  La droga actúa así.

Desde mi punto de vista, la droga opera a un nivel subconsciente, y es capaz de manipular hasta tal punto al individuo que puede conseguir la completa destrucción física, la muerte.  El proceso comienza con un primer contacto.  Nadie con dos dedos de frente que se fuma su primer cigarrillo espera terminar con los pulmones negros sufriendo algún tipo de cáncer.  Entonces se crea una ficción en el cerebro:  el pensamiento predominante es "yo controlo".  Pero no percatamos de que el proceso se ha desencadenado sin que nos demos cuenta, ya que se produce a un nivel subconsciente sobre el cual no tenemos control.

Invariablemente, las razones que nos llevaron a fumar ese primer cigarrillo (ya sea estrés, imagen, rebeldía, etc...) tarde o temprano se volverán a repetir, con la diferencia de que ya está el camino hecho para consumir ese segundo cigarrillo.

Esta es la puerta de entrada.  Por suerte no todos los que cruzan la puerta terminarán fumando, pero está claro que todos los fumadores han pasado por esa puerta.

A partir de este momento, la ficción mental opera con más fuerza y de un modo perverso.  Por un lado se reafirma la conciencia de control sobre el consumo ("yo controlo"), y por otro, cada vez se fortalece más la adicción con el establecimiento de un consumo mínimo pero constante en el tiempo.  Ello implica que estamos empezando a ser adictos a la nicotina pero no somos conscientes de ello.

El proceso el lento pero firme, la ilusión de la conciencia de control permite a la droga operar casi con total impunidad:  los mecanismos que provocan la adición no están disponibles para la parte consciente del cerebro, que sólo consigue acceder a un espejismo que es capaz de ocultar la verdadera realidad. 

Aunque no se puede generalizar, en mi caso transcurrieron dos años desde el primer cigarrillo hasta que me convertí en fumador.  Es un proceso relativamente rápido.

Unos decidirán dejar de fumar pronto, otros más tarde, y algunos otros nunca.  Entre los primeros algunos tendrán éxito y otros no.  ¿por qué ocurre esto?  pues porque cuando decidimos dejar de fumar se desencadena una verdadera batalla con lucha de guerrillas, artillería y carros de combate, se trata de una guerra.  Nuestro enemigo es nuestro yo fumador, el problema es que ¡vamos a luchar contra nosotros mismos! 

Indicar que esta ficción me ayudó enormemente en el proceso de abandono del tabaco y resulta muy útil a la hora de definir su funcionamiento.

Partimos del supuesto de que nuestro enemigo es un yo fumador, que conoce perfectamente nuestros gustos, preferencias y debilidades.  Nos conoce incluso mejor que nosotros mismos ya que accede a partes de nuestra mente a las cuales nosotros no tenemos acceso, me refiero a elementos del subconsciente.

En principio, parece una guerra desigual y realmente lo es.  La única ventaja que tenemos es que el mero paso del tiempo va a debilitar a nuestro enemigo.

Cuando decidimos dejar el tabaco, al principio nuestro enemigo se lo tomará a broma, y te distraerá con cualquier argumento del tipo 'fumar no es tan malo', 'de algo hay que morir', 'disfruto fumando', 'me sirve para no engordar', 'me calma los nervios'....  Tiene una posición de fuerza y se sirve de ella ya que sus mensajes calan en nuestro cerebro con gran eficacia como cuchillos afilados.

Si somos capaces de superar este primer asalto, habremos dado el paso más importante:  la decisión de dejar de fumar.  Este momento es crucial, dado que hemos abierto la caja de pandora.  Puede que la reacción no tenga lugar instantáneamente, pero acabamos de enfadar bastante a nuestro yo fumador.

En las primeras horas tiene lugar una calma tensa, algo está pasando pero no se manifiesta.   Ahora sólo hay que esperar el contra-ataque.  La posición de ventaja de nuestro yo fumador le permite lanzar una ofensiva arrolladora con todo tipo de artillería, fuego de cobertura, ataques aéreos y guerra de guerrillas.  Lo normal es que sucumbamos a este primer envite.  Pero no olvidemos que sólo tenemos que hacer una cosa, y es no fumar.  Aguantar.  El tiempo será nuestro aliado.

Si superamos esta primera fase, nuestro yo fumador comenzará a buscar estrategias más elaboradas, con técnicas de espionaje, y sabotaje.   Dado que accede a los sistemas de control, seguramente no tendrá reparos en causarnos nerviosismo.  Para él es muy fácil no permitirnos dormir.  También es capaz de cambiar nuestro humor y alterar nuestro estado de ánimo.  Esta serie de medidas desestabilizan a cualquiera sobre todo porque son constantes en el tiempo.  Pero no olvidemos que estamos en guerra.  No hay que perder la esperanza:  repito, el tiempo es nuestro aliado.

La batalla transcurre con múltiples agresiones, desde diversos flancos y teniendo como objetivo nuestros puntos débiles.  Nuestra misión no es otra que aguantar, aguantar y aguantar con el convencimiento de que la tormenta remitirá.  Un sólo cigarrillo nos haría perder la batalla al instante.

Curiosamente, cuando nuestro yo fumador se da cuenta de que por la vía directa no consigue nada, cambiará radicalmente de estrategia.  En un momento dado retirará su armamento y se marchará del campo de batalla.  ¡¡Lo hemos conseguido!! pensaremos erróneamente,  'han pasado unos pocos días y no es tan difícil como habíamos previsto', pensaremos también.

En estos momentos nuestro yo fumador se encuentra atrincherado esperando el momento idóneo.  Éste puede ser una celebración especial donde tomas alguna copa, una preparación de un examen, un café tras una buena comida, etc.  Entonces, de repente, aparecerá de nuevo con todo su vigor, fortaleza, recursos y habilidades para imponerte de nuevo sus deseos.  Pero esta vez con mayor virulencia si cabe.  "Toda la ansiedad, el nerviosismo, el malestar, el cansancio pasarán  si fumas un sólo cigarrillo", este es el mensaje que te hace llegar constantemente.  Pero no debemos desesperar:  sabíamos que esto iba a ocurrir, y además, el tiempo es nuestro aliado.  Esa es nuestra principal arma.

Van pasando las semanas.  La lucha continúa alternando ataques directos con guerra de guerrillas.  Periodos de calma son interumpidos violentamente con intensos ataques en el peor momento de debilidad, elegido con precisión.  Estas son sus tácticas y se repetirán durante mucho tiempo.

Han pasado varios meses.  Los ataques se siguen produciendo, pero empezamos a notar que van perdiendo fuerza.  No obstante todavía son muy peligrosos.  No debemos bajar la guardia en ningún momento.  El paso del tiempo comienza a cosechar sus frutos y nuestro enemigo se está empezando a debilitar, pero sigue siendo muy inteligente, incisivo y muy eficaz.

Ya no es capaz de mantener batallas en campo abierto, pero es un experto en la selección de los momentos de debilidad más adecuados.  Es ahí donde centrará la intensidad de sus ataques a lo largo de esta etapa.  Continua siendo muy peligroso.

Ha pasado un año.  Ahora nuestros esfuerzos deben dirigirse a combatir sus ataques selectivos.  Son muy certeros, muy intensos pero de menor duración.  Estamos empezando a tener ventaja sobre él.  No debemos bajar la guardia.

Han pasado dos años.  Los ataques pierden en intensidad.  Lo normal es creer que controlamos la situación y por norma general comenzamos a reducir nuestras defensas.  Es muy fácil caer en un exceso de confianza y por tanto, servirle al enemigo la victoria en bandeja.  Nunca debemos confiarnos.

Los años continúan transcurriendo, nuestro enemigo sigue ahí, cada vez más debilitado, encerrado y sin alimento.  Pero es fuerte y no dudará en atacarte aunque sea con un cortauñas en cuanto te des la vuelta.  Su misión es buscar momentos de debilidad y atacar con toda su violencia.  Repito, nunca debemos confiarnos.

Cuando han transcurrido cuatro o cinco años, los ataques se siguen produciendo, pero carecen de la fuerza inicial.  Requieren atención y paciencia.  Las barreras deben seguir colocadas ya que es habitual subestimar a nuestro yo fumador.

Han pasado diez años.  Los ataques tienen carácter residual, pero lo más significativo es que ¡se siguen produciendo!  Aún nos invade el deseo de fumar en alguna ocasión puntual, con poca intensidad pero ¡continua presente!  la guerra nunca termina.  El paso del tiempo ha hecho mella en nuestro atacante.  El sistema defensivo ha funcionado y lo tenemos cautivo en prisión.  Pero no seamos tan incautos de dejar la puerta de la cárcel abierta.  Nos ha costado demasiado encerrarlo y ya sólo nos supone un pequeño esfuerzo aplastar los pequeños envites que de forma esporádica sufrimos.

No olvides esta máxima:  un sólo cigarrillo hará que vuelvas a fumar.  Da igual el tiempo que haya transcurrido desde que lo dejaste.   Si esto ocurriera, el camino de vuelta ya está hecho y se recorre con gran rapidez. 

Pero estoy seguro que el mero hecho de conocer el funcionamiento de todo este proceso te dará fuerzas para conseguir el éxito. 
Mucha suerte.









jueves, 15 de marzo de 2012

Reglas Básicas de Manipulación Mediática

Casualmente ha caído en mis manos un artículo de Noam Chomsky realmente interesante.  Lo adjunto íntegro para no exista pérdida de información.  No tiene desperdicio.


"Manipulación mediática" por Noam Chomsky.
       

Noam Chomsky elaboró la lista de las "10 Estrategias de Manipulación" a través de los medios. En su libro "Armas Silenciosas para Guerras Tranquilas" Chomsky hace referencia a ese escrito en su Decálogo de las "Estrategias de Manipulación".

1- LA ESTRATEGIA DE LA DISTRACCIÓN.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. "Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto 'Armas silenciosas para guerras tranquilas)".


2- CREAR PROBLEMAS, Y DESPUÉS OFRECER SOLUCIONES.

Este método también es llamado "problema-reacción-solución". Se crea un problema, una "situación" prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.


3- LA ESTRATEGIA DE LA GRADUALIDAD.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.


4- LA ESTRATEGIA DE DIFERIR.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como"dolorosa y necesaria", obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que "todo irá mejorar mañana" y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.


5- DIRIGIRSE Al PÚBLICO COMO CRIATURAS DE POCA EDAD.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? "Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver "Armas silenciosas para guerras tranquilas")".


6- UTILIZAR EL ASPECTO EMOCIONAL MUCHO MÁS QUE LA REFLEXIÓN.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos...


7- MANTENER AL PÚBLICO EN LA IGNORANCIA Y LA MEDIOCRIDAD.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. "La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la mas pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver 'Armas silenciosas para guerras tranquilas)".


8- ESTIMULAR AL PÚBLICO A SER COMPLACIENTE CON LA MEDIOCRIDAD.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto...


9- REFORZAR LA AUTO-CULPABILIDAD.

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!


10- CONOCER A LOS INDIVIDUOS MEJOR DE LO QUE ELLOS MISMOS SE CONOCEN.

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el "sistema" ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.



Filósofo, activista, autor y analista político. Es profesor emérito de Lingüística en el MIT y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, reconocido en la comunidad científica y académica por sus importantes trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. Estados Unidos.

jueves, 1 de marzo de 2012

Cómo mantener y mejorar nuestras capacidades

Son múltiples las ocasiones en las que nos quejamos de la falta de memoria (aunque como decía Albert Einstein, nunca nos quejamos de la falta de inteligencia).  También nos quejamos de que nos cansamos cuando subimos una cuesta, que nos fatigamos al correr para coger el autobús, o de que nos hemos vuelto a contracturar la espalda.

Existe un principio fisológico muy sencillo:  lo que el cuerpo no usa, se atrofia.  Ya sean habilidades intelectuales o físicas.

Leí hace algunos años un artículo de Pedro Duque, nuestro famoso astronauta.  Decía que tras pasar largas temporadas en el espacio exterior, sus huesos perdían un alto porcentaje del calcio, razón por la cual cuando regresaba a la tierra debía someterse a un riguroso entrenamiento para recuperar cuanto antes y en las mejores condiciones su forma física.  ¿Cómo actúa el cuerpo en esos casos? Por suerte disponemos de un sistema muy adaptativo de modo que ante la falta de gravedad ya no es necesario tener una estructura osea tan resistente.  Al poco tiempo el organismo comienza a deshacerse del calcio que no necesita para adaptar la estructura osea a las nuevas necesidades, que son menores.

El principio que subyace es mantener un organismo capaz de satisfacer los requerimientos existentes de acuerdo a las costumbres, hábitos y actividades que desempeñemos en cada momento.

Claro está que si habitualmente no hacemos deporte, no podemos prentender correr una media maratón.  Obviamente nuestro sistema muscular y respiratorio no estarán a la altura.

Resulta extremadamente interesante observar el proceso que experimenta el organismo cuando nos enfrentamos a un nuevo reto, ya sea físico o intelectual.  En muy pocos días, comienza a proveer de todos los elementos necesarios para conseguirlo, ya que las necesidades han cambiado.  Así, por ejemplo, los primeros días que comenzamos a estudiar tras un largo periodo de inactividad nos resulta bastante pesado, pero poco a poco, vemos como vamos cogiendo ritmo y nuestro rendimiento es mucho mayor.

El sistema es muy efectivo ya que aprovecha al máximo los recursos.  Sin embargo tiene un inconveniente:  cuando realizamos una nueva actividad debemos superar una barrera inicial.  Sólo dura unos días, pero es suficiente para que en muchos casos nos desanimemos y desistamos antes de tiempo.  Ya lo dice Robin Sharma, cualquier actividad de realicemos durante 21 días se convierte en un hábito.   Y digo yo:  entonces no sólo no nos costará trabajo sino que en muchas ocasiones, una vez adquirido, necesitaremos desarrollar esa actividad para encontrarnos mejor.  Pero cuidado, este principio sólo es válido para los hábitos positivos (virtudes), ya que los hábitos menos saludables (vicios) no cuesta ningún esfuerzo adquirirlos.  Esa es la diferencia.

Ahora sólo nos queda elegir en qué áreas de nuestra vida queremos mejorar.  Así, si queremos encontrarnos mejor físicamente ya sabemos que basta con empezar a correr, apuntarse a natación, cuidar la alimentación, etc.   Si queremos mejorar nuestra memoria, podemos retomar un consejo de Marco Tulio Cicerón en su libro "De senectute":  al acostarnos todas las noches, debemos recordar todo lo que hemos visto, oído o dicho durante el día.  Es un método fácil, económico y muy efectivo.  Sólo requiere ser constante al principio.  Después todo irá sobre ruedas.

El secreto, superar el impacto inicial que nos supone el cambio de hábito, ser persistentes hasta que éste se consolide.  El resultado, una mejora de nuestras capacidades.

Pero existen otros retos que debemos superar para consolidar una virtud.  El primero es hacernos hueco dentro del frenético ritmo diario al que estamos sometidos, especialmente complicado si tenemos hijos y/o un trabajo absorbente.  Pero más importante todavía es superar la atracción de los intensos placeres materiales a los que constantemente estamos expuestos, y que reducen los incentivos que necesitamos para iniciar una actividad saludable.

Para entenderlo mejor, nos podemos imaginar una persona que se encuentra sometida bajo la influencia de un placer muy intenso.  Cabe deducir que mientras dure ese placer, tendrá mermadas las capacidades de racionamiento intelectual.  Por tanto, sin ánimo en absoluto de renunciar radicalmente a todos los placeres, debemos mantenernos cautos en tanto en cuanto limitan nuestra libertad para dirigir el rumbo de nuestros comportamientos de forma racional.  Perdemos libertad.

Claro que esta es un arma de gran potencia para quien sepa utilizarla en su propio beneficio, ya que puede permitir alterar el comportamiento de la población y dirigirlo por caminos previamente diseñados.  Pero ese será el tema de otro post...






jueves, 23 de febrero de 2012

Sencillas pero efectivas técnicas de control emocional

"Mañana tengo que hacerme una resonancia".  Pero tambíén sirven otros escenarios del tipo:  "tengo que dar una conferencia en público", o "me examino del carnet de conducir".  Cualquier motivo es bueno para activar nuestro resorte emocional y perder el control de nuestros pensamientos:  me voy a poner nervioso, no voy a ser capaz de acordarme de todo, seguro que no voy poder hacerlo.  Estos son los pensamientos recurrentes que nos impiden realizar bien nuestro trabajo o bien afrontar en mejores condiciones nuestros retos.

El funcionamiento del cerebro en estos casos es muy sencillo.  Por ejemplo, recibimos la noticia de que en dos semanas tenemos que hacernos un tac y las últimas veces no lo hemos pasado nada bien porque ha ido en aumento el sentimiento de claustrofobia dentro de la máquina.  Nada más recibir la noticia nos viene a la cabeza este pensamiento:  "no sé si esta vez voy a ser capaz de aguantar los 20 minutos que dura la prueba, seguramente tenga que salirme antes de tiempo".  Ese primer pensamiento va seguido de toda una serie de pensamientos similares que no hacen más que fijar en el cerebro esa idea tan negativa y aumentar nuestra preocupación. 

Lo malo es que, tal y como indica la Doctora Álava Reyes en su libro "La inutilidad del sufrimiento", pronto se va mermando nuestra capacidad para racionalmente afrontar lo mejor posible la situación, ya que la emoción se ha desencadenado.  Los consejos de familiares y amigos que nos dicen que estemos tranquilos, que pensemos en otra cosa durante la prueba, que es sólo un rato, resultan razonables pero se muestran totalmente insuficientes para poder redirigir el problema.  Esto es así porque el pensamiento es previo a la emoción, y al mismo tiempo es su causa.

Lo que está ocurriendo es que hemos cogido una gran olla a presión, la hemos llenado de agua y tras cerrarla herméticamente la hemos empezado a aplicar fuego a toda potencia.  Tras varias horas bajo este estímulo, la olla se encuentra en plena ebullición y con las válvulas abiertas expulsando todo el vapor que pueden.  En ese momento, si apagamos el fuego, podemos estar seguros que la olla seguirá caliente durante mucho tiempo.  Ha tardado en coger temperatura, pero también tardará en enfriarse.

Exactamente lo mismo ocurre en el cerebro.  Las ideas y los pensamientos negativos son el fuego de nuestra olla que no hacen más que calentarla hasta que llega el momento en que no somos capaces de pensar en otra cosa:  no vamos a poder superar la prueba.  En ese momento sirven de muy poco aplicar mensajes positivos, es decir, apagar el fuego, dado que la olla va a tardar bastante en ceder temperatura:  la emoción se ha desencadenado.  No obstante, lo primero que tendremos que hacer será apagar el fuego como medida preliminar.

Contamos con una ventaja en nuestro conocimiento de la psicología.  El hombre sólo puede pensar en una sóla cosa a la vez.  En un momento determinado, sólo podemos ocupar nuestra cabeza con una idea, y sólo una.  Lo explica muy bien Robin Sharma en su libro "El monje que vendió su ferrari".  El pensamiento es como la imagen que proyecta un proyector de diapositivas, en el cual sólo cabe una diapositiva cada vez y la imagen que proyecta queda plasmada en nuestra mente.  Si queremos pensar en otra cosa, debemos extraer la diapositiva anterior y sustituirla por la nueva, para que quede proyectada la nueva idea.

Pues bien, esta cualidad tiene una indudable ventaja.  Nos da la posibilidad de poder controlar nuestros pensamientos antes de que se desencadene la emoción, que es mucho más difícil de tratar.  Pero debemos actuar en las fases más tempranas del proceso, es decir, nada más recibir la noticia que nos causa preocupación.  El proceso se desencadena muy rápidamente y cuanto más tardemos en actuar, más nos costará controlar la línea de pensamiento.

Debemos aplicar la sustitución cuanto antes  Tras recibir una noticia que no nos agrada, observamos que nuestro cerebro comienza a bombardearnos con mensajes negativos.  En en ese momento cuando debemos aplicar la sustitución de ideas.  Cada pensamiento negativo debe ser reemplazado por uno positivo de modo que mantengamos el fuego de la olla apagado o al menos a una temperatura aceptable.  Este proceso debe ser realizado todas las veces que sean necesarias hasta que vaya amainando el temporal.

Cada pensamiento negativo tiene una carga, una energía tangible que es capaz por acumulación de detonar la emoción negativa.  Por ello, al principio, el proceso de sustitución deberá ser constante, una y otra vez hasta que observemos que cada vez tarda más en venir el pensamiento que no deseamos.  Poco a poco, habremos conseguido no ser invadidos por esas ideas que tanto daño nos hacen.

Un factor de gran importancia es la elección del pensamiento positivo que debemos escoger para ponerlo en lugar del negativo.  Suele decirse que podemos imaginarnos en la playa, de vacaciones, o practicando nuestro deporte preferido.  Pero considero que es mucho más efectivo buscar una idea que busque el lado bueno de la situación.  Supone un pequeño giro del problema, ver la otra cara de la moneda, ser capaz de comprender la situación con mayor amplitud.  En nuestro ejemplo, podríamos pensar que pasar la prueba supone una oportunidad para estar tranquilos dentro de la máquina, sin interferencias y poder descansar o pensar en nuestras cosas:  es nuestro momento para nosotros.  O podemos aprovechar para medir nuestra capacidad de aguante, a modo de reto personal.  También podemos poner en práctica esos ejercicios de relajación que nunca practicamos por falta de tiempo.  En fin, lo que se nos ocurra.  Lo importante es que ese mensaje optimista y conciliador sustituya al pensamiento negativo que nos viene de forma automática. 

De esta manera mantendremos en todo momento el control de la situación y por tanto, de nosotros mismos.  Además, habremos transformado una realidad perjudicial para nosotros en algo que nos beneficia.

Esta es una herramienta muy útil, eficaz y fácil de aplicar que nos ayudará a afrontar con cierta ventaja los múltiples retos que nos plantea la vida diaria.


jueves, 16 de febrero de 2012

¿Dopaje generalizado?

¿Será que sólo nos dopamos los españoles? ¿qué tenemos que entender por dopaje? No soy ningún experto en el asunto, como muchos de los que opinan sobre el tema, pero os expongo una hipótesis que no creo que se aleje mucho de la realidad.

En el mundo de la competición deportiva de alto nivel, una centésima o medio metro puede marcar la diferencia entre un record del mundo o un honorable segundo puesto.  Pero no debemos olvidar que estamos hablando de un nivel físico con un rendimiento altísimo.  Totalmente fuera del alcance de las personas normales y corrientes que practicamos habitualmente algún tipo de deporte para mantenernos en forma.

Estas marcas "sobrehumanas" fruto de un excepcional rendimiento físico deben tener su apoyo en un duro entrenamiento, pero también, imagino, en una ayuda por parte de mejoras en la nutrición convencional así como una variedad de sustancias químicas legales que incrementen la eficacia corporal.

Por ello, tenemos a un equipo de profesionales, ya sean médicos deportivos, nutricionistas, etc. que suministran todo tipo de sustancias legales a los deportistas para estar en condiciones de marcar la diferencia en esa centésima o ese medio metro que llevará a la victoria.

Cuando digo legales, me refiero a que los indicadores bioquímicos no deben superar el marco normativo vigente en cada momento, pero nada se dice de qué hay debajo de esa línea.  Pues bien, deduzco que lo que hay es una competencia muy intensa, y un esfuerzo por maximizar el rendimiento con la única restricción que mantener los niveles corporales sólo un poco por debajo de esos límites.

Obviamente el cuerpo humano no es una máquina exacta, y existirán ocasiones (por cansancio, combinaciones de sustancias, y otros factores) en las que se rebase por muy poco el umbral legal.  Si a ese preciso momento le añadimos un control anti-doping a un atleta/deportista conocido internacionalmente, pues ya tenemos la noticia en los medios.

Con este argumento no pretendo justificar ni mucho menos una práctica ilegal, pero considero que no es posible mantenerse en un nivel de exigencia tan alto sin ayudas externas.   Debemos ser conscientes de ello.  Seguramente si un deportista de élite decidiera dar la espalda a este tipo de apoyos, no tendría ninguna posibilidad de competir, ya que siempre habrá otro que sí cuente con esas ayudas.

Y no quiero terminar sin lanzar un mensaje de admiración y respecto hacía aquellos deportistas que con su esfuerzo, dedicación y trabajo diario sacrifican gran parte de su vida por un objetivo tan legítimo como es la superación personal y la noble competencia, en el esfuerzo por aportar un valor añadido a su vida, su pueblo o su país.  Todo ello sin un apoyo económico claro y decidido por parte de la administración, y menos en estos tiempos que corren.